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miércoles

Fluir




Cuando el mero hecho de respirar hace sentir cristales clavados en el interior 
Cuando las heridas se descosen a las cuatro de la mañana 
Cuando repasas cada punto y la traición es peor que el mero hecho

Cuando crees que ya no puedes soportar más agua en tus pulmones


Y las lágrimas no salen

Y la rabia crece

Y solo quieres alcohol para seguir sintiendo dolor en la zona del puñal 

Y entonces intentas respirar y ya no puedes 

No puedes

No puedes

No puedes 

Y de repente sientes algo que te agarra
Y te saca de ese pozo en un movimiento
Y no te hacen falta primeros auxilios

Porque ya te desbloquea las vías respiratorias

Y ves que puedes, aunque sea con dificultad.

Para mirar adelante.

La confianza está hecha de cristal.

 



Ojalá una versión de mí más intuitiva.

Ojalá una versión más realista, más desconfiada, más frívola.

Ojalá.

 

A lo mejor así lo habría visto.

A lo mejor ya lo era y solo creía lo que quería.

 

Ojalá deshacerme de mí.

Ojalá desprenderme de todo lo que tengo dentro.

Ojalá sentir el vacío.

 

La caída.

 

El abismo.

 

Ojalá, nunca, nada.

Ojalá.

Never let an old flame burn you twice

< Blues > Siempre tenías otra cosa en la cabeza...
Es probable que las cosas que más duelan sean las dichas a medias. La razón reside en el poder de la imaginación, que empieza a echar a volar. 

Queremos la verdad y la recibimos a medias. La sinceridad en pequeñas dosis. Y eso no es bueno, porque desde el otro lado no se llega a comprender las razones. Faltan datos para resolver el rompecabezas. Somos egoístas, sí, por no mostrar esa realidad; no ponemos sobre la mesa las razones al completo, la otra parte no se ve capaz de avanzar, le dejamos en tierra de nadie, ni ahí, ni allí. 

Pero es que, de repente, lo tenemos claro. Hay algo que no encaja, atrás, cierra esa puerta, lejos, adiós. No quiero ese problema, coge la caja, sácala de aquí, ha dejado de existir en mi vida.

Y pedimos que los demás actúen distinto, queremos el saco de enfado, el saco de ira, de realidad, para poder echar a nuestros fantasmas pronto y seguir caminando. 

¿Merece la pena? La respuesta es no, desgaste de energía innecesario. Somos suficientemente adultos, otros no deberían cargar con una falta de madurez emocional, para eximirnos de responsabilidad sobre el cúmulo de actuaciones que desembocan en la gota que colma el vaso. 

La energía que pudiera aparecer como enfado o ira, ha podido ir consumiéndose, como una vela que llega a su final, no compensando ni estar, ni explicar. 

Atiende. 

Todos. Somos. Supervivientes


Cuidado con la energía latente.  
Un día puede ser un volcán en erupción.

jueves

No puedo volver al ayer, porque ya soy una persona diferente.

- sigue perdida en tu laberinto mental - 


Y, si miras atrás, piensas en el mundo de posibilidades que manejaste. Y, si miras atrás, sabes que habría ido tras de ti con los ojos cerrados y con el corazón abierto. A pesar de todas las circunstancias, de los vientos en contra y de lo sabido. Sabes que nunca hubiera renunciado a lo que teníais, aun advirtiendo la toxicidad que generaba. Agua pasada no mueve molino, te dices.

Y, ahora, que así la recuerdas, frágil, imprudente, intensa. Ahora, ella mira atrás y sólo ve sombras. Sombras de cómo era aquello. Sombras, la realidad. Porque no había más luz que la que salía de su mirada, y que solo reflejaba una magia sesgada. 

Y, ahora, que la vida te obliga a encontrártela, tornas la cabeza mientras las miras, como captando otra perspectiva. Y, ahora, que se te ocurre mirar atrás, y pruebas a tornar la cabeza, recuerdas cómo era, actuando sin querer saber que ya no es

Porque ella, si fuera aquella, no estaría ahí, haciendo que no fue.  

Lara

sábado

Cuando crees conocer todas las respuestas, llega el Universo y te cambia las preguntas.

Quería contarte 
que todo fue una gran inspiración...
     - -> link <- -

Hace sus últimos retoques con el lienzo prácticamente acabado. "Un poco más de negro sobre ese cyan y ya estaría"- piensa. Posa el pincel en el bote de disolvente y se mira las manos llenas de pintura. Se quita las gafas y las limpia con una de las pocas partes de la camisa que aun se conserva limpia. Tras ello, se las vuelve a poner y observa con detenimiento cada detalle del paisaje realizado. Y, como parece que la compilación pictórica está a punto de finalizarse, respira lenta y profundamente, mientras se sonríe. La satisfacción del trabajo bien hecho. "En unos meses se harán públicas mis obras, no me lo puedo creer" - la ilusión de su pensamiento hacía hasta ruido en el exterior.  Se quita el óleo de las manos con la sábana vieja humedecida en disolvente y cierra la contraventana. Recoge su bolso y abandona el luminoso estudio de amplios ventanales y altos techos.

Y, justo bajando por las escaleras de ese edificio antiguo, suena el teléfono. 

- Han cancelado la exposición - dice Martin.

Sobresaltada, sin tiempo para reaccionar, sale de la realidad que había creado minutos antes, de golpe.  Porque cuando se invierte pasión y tiempo, se alienta la esperanza, y lo que se espera es diferente al resultado que se obtiene, se siente un halo de fracaso alrededor.

- ¿Por qué? - son las únicas palabras que es capaz de decir.
- No hay suficientes recursos para patrocinarlo... 

Y, sale a la calle helada, sin abrigarse, con los ojos llorosos, pero la mirada desafiante. Comprobando en sus propios huesos que el arte y el talento no están valorados. Gritando a su interior que lo habían vuelto a hacer. Pero que no iba a haber una siguiente vez. Ni una sola vez más.


Lar

domingo

La unión en el rebaño obliga al león a acostarse con hambre.

Y, entre más pasan los años, más me aparto del rebaño...
No somos. No somos como creéis. No somos de esos. No somos dóciles. No nos conformamos. No acatamos lo que sea, con la cabeza gacha. No nos gusta dar la razón como a los locos. Nos nos gusta la paciencia. Y no somos inferiores. Ni superiores. Somos lo que somos. Jóvenes formados.

No nos gusta quedarnos a esperar, ni la incertidumbre. No nos gusta que nos traten como a uno más. No somos galgos, corriendo todos hacia una misma dirección. No estamos hechos de cerámica, no nos rompemos al caer. No nacimos aprendidos. No nos amilanan los cambios. No estamos hechos para complacer. No somos orquídeas. No somos. Y, por tanto, no merecemos que nos traten como tal.

¿Sabes lo que sí que somos? Somos bombas de relojería, pendientes de activar. Somos panteras agazapadas, esperando el momento adecuado para lanzarse a ganar. Somos los gloquidios de los cactus, aparentemente inofensivos. Somos arcilla húmeda, adaptativos y polivalentes. Somos el Rottweiler en calma. Ansiamos las cosas hechas con pasión y vocación, mientras hacemos otras.  Somos todo lo que se nos subestima. Somos diamantes en bruto. Eso somos

Para decepción de muchos, sabemos, más que lo que queremos, qué no queremos. Y tenemos las herramientas necesarias para conseguirlo: un pensamiento crítico.  Empezad a levantar la campana de cristal para ver más de cerca. 

Somos el futuro. Somos imprescindibles

Y, si no nos valoráis, decidnos qué va a ser de vosotros.

L.



sábado

Donde nada es seguro, todo es posible.

Se disuelve en un té... <XXXX>

Cuando salieron del local notaron la tranquilidad de la noche. Recorrieron el paseo dados de la mano, como si por un momento fueran algo más. El verdadero protagonista entonces era el silencio. Cuán ruidoso podía llegar a ser. Cómo todo quedaba diluido en él. Eran las palabras que debían salir a borbotones y que, sin embargo, se quedaban atragantadas. 

Ese silencio. Mucho más tarde, se darían cuenta de que llegaría a tener más contenido que lo que nunca hubieran hablado.

- ¿Volverás? -musitó, rompiendo el silencio
- ¡Claro! -contestó soltando una carcajada de las suyas mientras disimulaba unos ojos empañados.

Llegaban al punto de destino y aquello se acababa. Ella advirtió que sus abrazos no eran para el él de siempre, sino para su niño perdido. Se rompieron vehementemente. Se mostraron vulnerables por primera y última vez.  

Aquel día se dio cuenta de que no era una despedida cualquiera, era la despedida de quienes fueron y nunca más llegarían a serDe quienes creyeron tener bajo control algo que se les fue de las manos. De quienes durante un tiempo se buscarían en otros rostros. 

De quienes se aferraron a un recuerdo que no existía.

De quienes nunca más se volverían a reconocer.
De quienes nunca más se reconocerían al volver.

martes

No me invites a volar si me vas a dejar caer.

Link, por un lado; link, por el otro.


Recorro la ciudad apresurada, el cielo se va tornando de un gris oscuro y no me quiero mojar. Nada más girar la esquina empiezan a caer las primeras gotas, hasta que en cinco minutos se convierte en un diluvio; en un vano intento por esquivar un paraguas, piso una baldosa rota que empapa mis zapatos. Casi me importa, si no fuera por la actitud de apatía que tengo desde hace meses. Al fin llego al portal, me quito el sombrero y contemplo impasible la gabardina completamente oscurecida goteando. Subo por las escaleras con los zapatos en la mano, abro la puerta de casa y la calidez del ambiente me da una falsa tranquilidad, mientras me deshago de la ropa húmeda. 
Me tiro al sofá enrollada en una manta y, cuando creo que me he librado de la lluvia, empiezo a llover. Deambulo perdida, de habitación en habitación. Y me caliento un vaso de leche, como si eso pudiera llenar el vacío que siento en el estómago. Y es que un puñado de promesas frágiles producen más decepción que el peor de los desencuentros. Entro en la habitación y mi mirada se dirige hacia la foto del corcho. Aún no sé qué hace ahí. La arranco y hago trizas con rabia. El diablo está en los detalles, dicen
Y no sé por qué razón, pero ahí está esa esperanza, esa trampa que se viste de ilusión. Ese clavo ardiendo que surge entre las lágrimas, la indiferencia y el desencanto.  La esperanza de que me saque de este agujero negro. La absurda esperanza de que me salve el enemigoAún no sé que la salvación está en mis manos. Está en las garras que saben qué hacer con la foto del corcho

Lara

miércoles

No pretendas apagar con fuego un incendio.


Arrastro la bolsa de tela llena de cosas por la habitación. Uno guarda tanto que de vez en cuando se replantea qué es útil y qué no, para hacer limpieza. O qué es inútil pero se le da otra oportunidad. Al objeto o a ti. Tal como la vida.

Decido llevar a quemar los cuadernos de notas, papeles y libros de instrucciones. Esos que se encuentran debajo del cajón. Los miro arder hasta que se reducen a cenizas. "Qué inútiles..." -pienso. Y, sin embargo, a la vez, recapacito: "bueno, incluso los restos sirven para nutrir la tierra". 

esa agenda donde me escribiste aquello, al fuego; y ese bloc donde estaban nuestras fotos y nuestras frases, al fuego. Al fuego también nuestro sitio; tu voz; y tu sonrisa; y lo que decían tus ojos. Todo al fuego. Quiero verlo arder, para que puedan por un momento sentir lo que yo he sentido al encontrarlos, al recordarlos. Porque ni el alcohol es tan inflamable como ellos

Y algún día veré que el calor de estas llamas no me está quemando, me está desinfectando las heridas. Y cada vez que vea las cicatrices me reconfortará mirar atrás y pensar que nunca me doblegué. Que lo intenté a pesar de todo y de todos. Que ni el miedo ni el dolor valieron como excusas, cuando realmente merece la penaSé, a ciencia cierta, que no fue a deshora. Lo sé. Sé que sólo es demasiado tarde cuando las cosas son definitivas. Algún día lo descubrirás. Será el día que mi cicatriz haya hecho que sí lo sean.

Lar



viernes

Un abuelo es alguien con plata en su cabello y oro en su corazón

Conozco a una persona e x c e p c i o n a l. Te puede contar una aventura de cada año de su vida, la historia de cada sitio visitado, todos los cumpleaños que te puedas imaginar y con qué otro acontecimiento coincide en fecha, toda la retahíla de medicinas que le ha recetado el médico sin pestañear y con todo lujo de detalles; y yo no me acuerdo de lo que he hecho la semana pasada. Imaginaos qué memoria. No puede darme la receta de la tarta de manzana, porque cada día innova con algo, pero, incluso  con mermelada sin azúcar, incluso con galletas integrales, sigue estando mejor que la de una pastelería. O las almejas a la marinera. O los caracoles. O la paella. Bendita paella. Es una persona que presume de lebaniega, pero... no se te ocurra meterte con Noja. ¿Tú crees que eres fuerte? Quítate esa idea de la cabeza, no conoces a mi abuela. Hay mil razones para decir que es excepcional. En uno de los golpes más bajos que me dio la vida, me dijo muy seria: "No hay que rendirse ¿eh, Lara? Y ahora más que nunca, no te puedes acoquinar, las cosas hay que lucharlas". No podéis imaginaros la de veces que me he repetido esas palabras, la esencia que hay en ellas. Esa mano que tiene para resolver los problemas, no la tiene cualquiera. Es excepcional por cómo tiró de todos nosotros cuando debió ser al revés. Por cómo, con las hernias y las piernas y el azúcar y las cervicales y los mareos y un largo etcétera, no la puedes decir que qué hace pintando, o que qué hace arreglando los tomates, o en el gallinero, o podando los setos, pero qué preguntas, es que ¡hay que hacerlo! ¡Que hay muchas cosas que hacer y no se hacen solas! Esa independencia que consigue con su orgullo. Lo mejor, que lo hace sin que la veamos, no vaya a ser que la ayudemos o la digamos que descanse un poco... "ya lo hago yo, que como me quede quieta, no me voy a volver a mover". Tiene una larga lista de excusas para seguir trajinando. Y es que, como muchos abuelos, está hecha de otra pasta. Por cómo la gusta la política, por su peculiar punto de vista, tras verse todos los debates y después comentarlos conmigo; es excepcional por cómo nos enseña la importancia de la familia, por las broncas que nos echaba a David y a mí cuando de pequeños discutíamos... "Porque sois hermanos y tenéis que estar unidos, en un futuro solo os vais a tener a vosotros". Y por esa educación que tiene, y por lo presumida que es, y por esa elegancia que porta sin querer, pero que yo observo y admiro. Cada vez que mi madre me dice que cómo me parezco a ella lo único que pienso es "ojalá, alguna vez"
Aprendo tanto de ti cada visita, abuela... 
Espero que me sigas enseñando mucho tiempo los valores que hay en cada línea, el de saber afrontar las cosas, la importancia de la familia, o el perfeccionismo de seguir mejorando, el ser tan independiente, o el de ser valiente y fuerte en tiempos difíciles, el aprovechar las oportunidades o el saber estar. Ojalá, alguna vez, ponga todo eso en práctica con tanto corazón como tú.

Tu nieta, te quiere y te admira

miércoles

Las fotografías abren puertas al pasado, pero también permiten echar un vistazo al futuro

Quien de mí sabe, conoce lo que me gustan las fotos. La verdad, no me gustan, me vuelven loca. Desde tiempos inmemoriales soy la amiga que carga con la cámara a todas partes y la responsable de captar cada recuerdo en un click. Cada viaje, cada historia, cada café, cada fiesta y cada momento. En todos los grupos hay una persona como yo, todos lo sabemos. Como empezaba diciendo, me encantan las fotos. Pero no esas en las que salimos posando, esas de postureo en las que tan guapos quedamos. Las que de verdad me gustan son en las que salimos feos. Feos, porque estamos en medio de una carcajada; feos, porque estamos haciendo el tonto; feos, porque estamos mirando mal al amigo de al lado; feos, porque el maldito flash nos pilla desprevenidos; feos, porque recibimos una sorpresa; feos, porque llevamos esas pintas. Cuando nos vemos en esas fotos, al principio, sólo queremos pasar a la siguiente y, sin embargo, son las únicas, de verdad, os lo prometo, que después nos hacen felices. Porque sólo ellas reflejan la verdadera felicidad de aquel momento pasado. Únicamente ellas nos llevan atrás en el tiempo y nos hacen volver a sentir eso que sentimos mientras nos hacíamos la foto. Creedme, sólo tienen ese efecto las fotos espontáneas. No desechemos las fotos en las que no salimos como nos gustaría, es un desperdicio que con el tiempo no se perdona. 
Por todos esos  recuerdos...














Ohana significa familia. Y la familia nunca te abandona o te olvida.


Quizá se vea raro homenajear a las personas a destiempo. No en el día de su cumpleaños, o el día del padre, o el día de su santo. Sin embargo, no es a destiempo. Es homenajear a tiempo... 
Así, quería entrar en el tema para hablar de dos personas esenciales de mi vida.  Ya os imaginaréis quiénes. Son aquellas que me han enseñado todo lo que ahora soy, que no es poco. Me han hecho ver lo que es la responsabilidad de la familia, la importancia de estar unidos y de cuidar a nuestros mayores. El valor del trabajo y del esfuerzo. El concepto del compromiso y de la bondad. La fortaleza frente a las desgracias y la entereza para asumir lo que venga. La noción del respeto y la tolerancia. He aprendido tantas cosas de vosotros... Mejor dicho: sigo aprendiendo tantas cosas de vosotros...
Por todas esas discusiones. Por cómo uno me repite cincuenta veces las cosas, porque seguramente necesito veinticinco repeticiones; y el otro me echa la bronca y a mitad de frase cambia el tono para que parezca menos amenazante. Por todos esos detalles; por las nueces partidas y los cachos de naranja con chocolate; por las merienditas sorpresa. Por todos esos consejos, porque papá y mamá siempre tienen razón corazón. Por toda vuestra confianza y comprensión. Por la educación recibida. Por todo. Nunca estaré suficientemente agradecida. Sólo quería que lo supierais. Mamá deja de estar 15-M conmigo. Sois lo mejor que nunca podría haber esperado. Os quieru. David, a ti también

lunes

Todo en la vida son ciclos. No hay pérdidas, sino transiciones


Era una persona muy "de borrar". De borrar con la goma, hasta raspar el papel y si no resultaba, de echar típex. De eliminar, de arrancar ese capítulo del libro y hacerlo pedazos. ¿Para qué tener algo que no quieres? Esa era su justificación. Se deshacía de todo, de fotos, de teléfonos, de promesas. Como quien tira la basura. Era su forma de reciclarse. Era su forma de seguir. Había perdido la poca paciencia que tenía hacía tiempo y no permitía que nadie se creyese tener el poder para despreciarla. Prefería hacerlo desaparecer. En su lema estaba el antes actuar que recibir el puñal. Y así iba, como quería, con esa armadura inexpugnable. Lo que le hacía mal lo echaba de su vida. Entendía las etapas de la vida como jarros de agua fría, como dosis de realidad para pasar a lo siguiente. Para qué consentir que te traten de una manera o que te juzguen por algo, si no estuvieron en tu pellejo. Que eres libre, que nadie es quién. Y como la gran parte de las personas esto, o no lo entienden o cierran oídos y la mente, pues prefería ni tan siquiera molestarse en hacer ver. Recuerda esto: sólo te van a querer escuchar aquellos que te quieren. Y lo que debes tener para los demás es un jarro de agua fría y una destructora de papel
Que lo más importante en esta vida 
es poder conservar lo mejor del libro. 
Lara

sábado

El hombre llega mucho más lejos para evitar lo que teme que para alcanzar lo que desea.


I've still got a lot of fight left in < me >

Dicen que las noches de verano son las mejores. Es cierto, en parte. Puedes disfrutar de un vestido de gasa y de unas cañas a la intemperie sin miedo a quedarte sin voz. O de ponerte de algodón de azúcar hasta las orejas, o de caipiroskas en una terraza. Sin embargo, no estoy de acuerdo sobre esa total predilección. Hay noches, como la de hoy, que tienen algo especial, algo fantasmagórico. Y es Otoño, esa gran olvidada, quien nos las regala. 

Desde un mirador contemplas la ciudad y te apetece tocar cada punta de los edificios, cada farola que ves a lo lejos, creando la silueta de la bahía. El mar sereno, con ese característico color azul petróleo. Y la sensación que ese ambiente que os estoy describiendo transmite, solo la puedes apreciar en una noche de Otoño, con un fular manta alrededor del cuello, lágrimas de frío en los ojos y un abrigo largo. Y con una conciencia tranquila. Paseando con las manos en los bolsillos mirando la luna de refilón. Una luna menguante de octubre tapada levemente por neblina. Aprovechando el equilibrio de la atmósfera para imaginarte todas las historias que pueda haber detrás del escenario. La de la señora de ese edificio que hace la cena. La de ese chico que pasea a su perro. La de los pescadores que están en la barca esperando.

Pero, creo que se te está escapando algo. ¿Acaso estás mirándote a ti? Ahora que ya tienes tu guión estudiado y todos tus elementos escénicos colocados, ¿a qué esperas para abrir el telón

Lar-

miércoles

Curar las heridas y seguir adelante no es fácil, pero es el camino.



Los radios de la bicicleta se difuminan hasta verse a través de la rueda, mientras da vueltas al asunto a la misma velocidad.

Y, es que, quizá, elegir un camino no significa rechazar otro, sino preferir el primero. El rechazo es la consecuencia de esa elección, no la causa. Escoger un camino es tener que seguir por él, teniendo en cuenta que, aunque cojas otros desvíos, nunca volverás a ese camino principal. Es ser consecuente y saber que no hay vuelta atrás. Porque las elecciones construyen tu vida y para poder acceder a otras puertas, tienes que cerrar las que dejas atrás. Lo que pasa si no lo haces es que, al intentar abrir la puerta presente, una corriente cerrará las dos y tendrás que salir por la ventana. Y es que en la vida es más útil seguir que salir a trompicones. Es por esta razón por la que tan necesario es cerrar ciclos. Nunca vas a disfrutar de los nuevos si no decides cerrar esos antiguos. Y, aunque pienses a menudo en esa habitación, una vez has decidido cerrar la puerta, ya quedará blindada, no intentes volver a acceder a ella, quédate con los buenos recuerdos que te dio. Para intentar entrar, tendrías que echar la casa abajo y, piensa detenidamente, ¿merece la pena volver?
Podrás apreciar esa nueva senda cuando interiorices la responsabilidad de haberla elegido. Y te enfadarás contigo mismo, o al menos espero que lo hagas, por haber mirado durante tanto tiempo atrás.

Sólo cuando aparece un coche, y tiene que apretar el freno, haciendo derrapar la rueda de detrás de la bicicleta, se da cuenta de hasta dónde ha llegado. Y de lo que le queda por delante

domingo

La vida te da las opciones. Tú tomas las decisiones.

¿Sabes por qué el parabrisas es más grande que el retrovisor?
Porque el camino que tienes delante es más importante que el que dejas atrás.
Desde una esquina del patio, sentada con las piernas cruzadas y con un libro de cuentos abierto en las manos, observaba a dos niñas que estaban en la escalera haciendo figuras con un hilo. Se turnaban la una y la otra, siguiendo la figura anterior para crear la siguiente, hasta que finalmente se rendían por no saber continuar. Cuando volvió la vista hacia el libro para continuar con su lectura, empezó a oír bullicio de fondo y levantó la cabeza. Lo que quedaba de la tranquila escena anterior era una de las niñas con los hilos hechos un nudo y la otra agarrada de los pelos de quien había provocado esa situación. Y es que, cuando no se soporta el disfrute ajeno, no se encuentra otra forma de demostrar la envidia que estropeando ese momento. 
Y los hilos que conectan nuestras vidas es lo que tienen. Durante el tiempo que se permite, forman figuras. Y cuando algo falla, se enredan. O los enredan. Pero después se pueden desatar, porque en esta vida sólo es demasiado tarde cuando las cosas son definitivas, y siempre tendemos a buscar la reconciliación. Lo que sucede es que no siempre las cosas se pueden arreglar y, llegado ese momento definitivo, los hilos no aguantan más enredos y se rompen
Hay que saber distinguir cuándo los hilos están enredados y cuándo están retando a los límites de la resistencia, para, en su caso, poder liberar de tu camino las maletas inútiles. Para qué cargar de más si la vida es el viaje en el que más ligeros de peso tenemos que ir, ¿no crees?

Click to say i'm crazy...
Lar-

Fuiste primavera en este invierno.


Echando a correr entre los árboles, saltando sobre las ramas caídas y, de vez en cuando, pisando alguna que otra piña, llego hasta ellos. Se ven tan mayores y, a la vez, tan eternos... Y dándoles la mano al llegar, les sonrío, mientras él mete una bolita de eucalipto en uno de mis bolsillos. Nunca imaginé que querría congelar el tiempo en ese momento. Supongo que cuando eres pequeño no piensas que las cosas se acaban y que nadie se queda aquí, al final.
La vida, dicen.
Y ahora esa nostalgia. Tienes tantas ganas de volver... Y no puedes. Y, aunque siempre hay que seguir hacia el frente, no por ello se deja de mirar atrás. En ese instante de duda, mira a tu lado y verás un reloj de arena, que representa el tiempo del que dispones. Siempre es necesario echar la vista atrás. Pero la arena sigue cayendo. No tires ni un segundo de tu tiempo porque, cuando te quieres dar cuenta, todo lo importante lo has dejado atrás y es ahí donde no vas a querer parar de mirar. Sé responsable del tiempo que tienes, para poder seguir dando cada paso con el orgullo de no haberlo desperdiciado.
Lar-

martes

Las desilusiones te hacen abrir los ojos y cerrar el corazón.

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Patino por el hielo con un gran gorro de lana sin mirar a los lados. Con los pensamientos amontonados en mi cabeza. Inconsciente, voy cogiendo más y más velocidad, pero no importa, a esas horas ya nadie baja al lago. Las luces tenues que iluminan el paseo se empiezan a encender con la caída del sol y ya no se ve el parque con claridad. Y con la sensación de estar en un desierto noto cómo se resquebraja el suelo bajo mis pies. Y de repente pienso que la única forma de salir de ahí es seguir patinando. Más rápido, con las ideas dispersas, con las mejillas rojas y los ojos llorosos. Más rápido, dejando atrás el hielo roto,  con nieve en las pestañas y la oscuridad creciendo a mi alrededor. Y, sin embargo, la grieta me persigue y yo sigo patinando y las imágenes como filminas en mi cabeza, aturdiéndome cada vez más intensamente. Y, me doy cuenta que seguir ahí no me va a alejar del suelo roto, que me voy a caer al agua como no deje la parte central del lago. Si me quedo en el centro, me caeré al agua y moriré de hipotermia. Si me alejo, me salvaré. ¿Quiero realmente salvarme? ¿O prefiero esperar? Al fin llegando a la orilla y, con la sensación de estar segura, los patines me juegan una mala pasada y empiezan a descender la cuesta y en un burdo intento de salir, me vuelven a atrapar las grietas y finalmente caigo al agua. Y no había terminado de reaccionar cuando noto una mano en mi brazo que me arrastra. Estoy en la orilla, pero, ¿acaso estoy a salvo? Quizá con una lobotomía

Dos caras de una misma moneda
Lar

sábado

Ni los malos son tan malos, ni los buenos tan buenos.

Mi pequeño Oslo.

Pues ahora que las cosas se han calmado un poco, aquí vengo yo a dar guerra. Creo que empezaré por el principio, ya que, al hacer un artículo de opinión (o como esto se llame)  todos sabemos que primero hay que informarse (¿o no?), sobre todo si una es lega en la materia.

Todo empezó allá por 1976 en el Congo, cuando un murciélago sinvergüenza, el animal huésped, es portador del Virus Ébola y alguna persona, o chimpancé, o antílope enreda con él, bien vivo, bien muerto. La cuestión es que por el contacto del humano con la sangre, tejidos, secreciones o fluidos corporales del sinvergüenza o de los animales portadores termina contagiándose, la antropozoonosis. Entre las personas se propaga de la misma forma, a través de contacto directo.

La antropozoonosis es, por tanto, el contagio de animales a humanos, que es de bastante importancia estudiarla en la epidemiología de las enfermedades infecciosas humanas. Respecto a esta patología específica, en un estudio científico en Gabón, en donde se habían registrado casos humanos del Ébola, se investigó una muestra de perros silvestres que llegarían a comer animales salvajes posiblemente infectados, los cuales presentaron estudios serológicos del 32% positivos a anticuerpos específicos contra el virus en cuestión. Dichos estudios llegaron a la conclusión, en el año 2005, de que los animales domésticos pueden por lo tanto infectarse y excretar el virus durante un período determinado para cada especie animal, convirtiéndose así en una fuente de infección para los humanos. Es muy necesario evaluar el papel de los perros domésticos en las epidemias de la enfermedad y poder así controlarla, según el Instituto de Investigación para el Desarrollo de París. Como dato.

Hay cinco tipos de variedades del EVE y el brote actual ocurrió en diciembre de 2013, pero fue el 21 de marzo de este año 2014 cuando el Ministerio de Salud de Guinea lo anunció. Tiene un índice de letalidad muy alto, que puede llegar al 90%. Este último brote ya ha matado a 4.000 personas. Vamos, que la cosa parece ser seria.  

Entonces aparece el tema del sacerdote Pajares. Este señor de 75 años, llevaba ya 18 años entregado a las misiones y los enfermos, y fue el primer nacional contagiado por el Ébola en septiembre. Con un poco de información del  Ébola por aquí y un poco de politiqueo por allá, quién sabe qué intereses, o quizá por pensar en la buena obra que sería hacerlo, se decidió repatriarlo a España, corriendo el Gobierno con los gastos que ello supone, donde, tras unos días falleció. Lo mismo ocurrió con Manuel García Viejo. Como opinión, sabiendo en qué momento de la enfermedad estaban, y sin olvidar que son misioneros y que saben qué riesgos tiene eso, ¿no habría sido menos egoísta decir “ey, que me quedo aquí, que mi misión principal es ayudar... Que, total, voy a morir igual porque no hay cura y así no tenemos que mover a todo un país con el peligro que tiene el tema”. Pero, oye, que igual soy una egoísta desalmada .

Ahora bien, al traer a los misioneros, tuvo que haber un equipo médico a su cuidado. Entre otros asistentes, estaba Teresa Romero. Cuando esta señora empieza a temer el contagio, porque tenía fiebre, la dicen que como el protocolo fija que hasta 38,6º, no hay que alarmarse la mandan para casa. Todo muy profesional. Una persona que ha tratado a los enfermos con Ébola y que empieza a tener los síntomas de la misma, la cogen y la dicen “Bah, muchacha, qué exagerada, no te preocupes, que seguro que es un catarro (palmaditas en la espalda)”. Una semana después, Teresa, ya mosqueada llama porque empieza  a sentir los síntomas de la enfermedad, ya la hacen la prueba y da positivo. Y se entera por la prensa. Repito, profesionalidad al poder.

Poco después el doctor de Teresa dice que un guante infectado le tocó la cara. Quizá fue un poco imprudente. O tuvo mala suerte. A lo mejor yo me habría lavado la cara con lejía. Y a lo mejor no habría servido de nada. Paranoica estaría, eso seguro. Sí, e hipocondríaca perdida. Serán cosas mías.

Al día siguiente, el marido, muy majo él, aislado por precaución, hace un vídeo informando de que la Consejería de Sanidad de Madrid quiere sacrificar a su perro, Excalibur. Como si fuera gratuitamente. Llamadme loca por esta opinión pero, ¿tienes a tu mujer con una enfermedad por la que lo más seguro es que fallezca y pides ayuda para que no sacrifiquen a tu perro? Muy afectado, te noto. Ah, y que quieres que le salven… porque tu mujer ha estado un mes fuera y no ha tenido contacto con él. Espera, no. Que es que vive con ella. ¿Tú eres masoca? ¿Quieres ser el siguiente? Y aquí es cuando las protectoras de animales se lavan las manos. "Malditos sanguinarios sin corazón". "El pobre perro". "Que no tiene la culpa "(¿La culpa? ¿La tiene el misionero? ¿La tiene Teresa? ¿La tienen las cuatro mil y pico personas que han muerto por el Ébola? En fin). "Es que no son capaces ni de hacerle las pruebas para ver si está contagiado". "Que le hagan las pruebas y le pongan en cuarentena"  (pero vamos a ver, alma de cántaro, que  es un animal, ¡que no se sabe cómo se va a desarrollar la enfermedad si es que la tiene! Me remito a los estudios en Gabón, hasta que los anticuerpos entren en funcionamiento ese animal puede contagiar. Espera, ¿Va a contratar el Gobierno un veterinario-médico especializado al cuidado de un perro en cuarentena por esta enfermedad? Ah. Y que luego paguen ese gasto los ciudadanos. Si es cierto que sirve para la investigación así tendría que haber sido. Y si no, se me ocurre algo mejor, que hubiera venido Leroy y se lo hubiera llevado para hacerlo). Cuestiones que han mutado en "no hay que matar al perro porque es importante para la ciencia". En qué quedamos, entonces, ¿en que no le matamos por ser un perro o porque es importante para la ciencia?

A todo esto,  quiero dejar clara cristalina una cosa: yo no defiendo la gestión del asunto de Ana Mato, que por supuesto ha sido desastrosa. Pero no mezclemos. No creo que intente ocultar su incompetencia con el sacrificio del perro, porque habría sido intentar tapar el sol con un dedo. Solamente pienso que, ya que había gestionado de esa fatal manera tanto el traer al misionero como la supuesta falta de protocolo en el tema, y se ha contagiado una persona, querrá arreglarlo erradicando el problema de raíz, sacrificando al pobre perro, que no tiene la culpa de nada, ni de tener la dueña que le llevó a la muerte, ni de que su dueña se hubiera contagiado, ni de que hubieran traído de África la enfermedad, ni de que ésta exista. Una pena el pobre animal. Pero es algo que era necesario que se hiciera.

Lo que más me preocupa de todo es la hipocresía de esta sociedad, movilizada por Excalibur. Por un perro, señores. Todas esas buenas personas que pedían que a los misioneros les dejasen en África, para que no trajeran la enfermedad, piden que no maten al perro que seguramente la tuviera. Me llamarán pérfida y despiadada. Que no lo comprenderé porque no tengo un perro. He llegado a leer hasta que es muestra de “falta de educación”, paradójicamente, el  no pensar como ellos. Cuánta tolerancia. Debo de ser lo peor, sí, pero desde que existe este último brote, han fallecido cuatro mil personas. Personas. ¿Leéis? En África, claro, igual por eso no notáis tanto ese número… Pero personas. Quiero pensar que esta locura ha sido fruto de la alarma social y que esas opiniones han salido por el miedo y la indignación con la ministra. Por pensar bien, digo. Y creer que todavía sois personas.

Lar-

domingo

Un animal herido siempre es mucho más peligroso.


Es común, entre nosotros, los mortales que aún quedamos provistos de sentimientos, el hecho de echar de menos. Entre nosotros. Todo empieza en un último adiós, una despedida esperando que no sea la última y creyendo claramente que no va a serlo. Pero lo es. Y en ese momento todo resulta menos llevadero, más difícil. Llega esa época del año, esa situación, ese pueblo, y a ti te faltan esas personas. Esas personas que amenizaban hasta la más tediosa conversación. Y, el año uno "después de",  llegas a la playa y te dices "¿no falta aquí algo?"; sales de fiesta y en tu cabeza suena "¿y con quién pido ahora cigarrillos?"; estás en el grupo riéndote y piensas "¿por qué tuvo que ocurrir esto, o esto otro?". Y cuando hablas con esas personas (si es que tienes la posibilidad de poder materializar esa charla, se alinean las constelaciones y las ganas), las conversaciones se convierten en recuerdos. Al fin y al cabo en lo que más nos cuidamos es en no olvidar por qué echamos de menos. Esa sensación de vacío aparece, y al principio parece como que molesta. Porque no duele, molesta. A veces, claro. Otras duele tanto que no te permites el lujo de hacerlo. Gracias que somos unos autodidactas en cuanto a los desprovistos de sentimientos e imposibles, y terminamos llenando ese hueco para hacer el castillo de arena en la playa con los que vienen después. Que nadie habla de ellos, pero suelen ser los héroes que nos sacan de ahí para decirnos "¿hacemos el castillo otra vez?". No dejemos que nos despojen de emociones, porque nos hayan echado de menos más que de más. Siempre hay tiempo para reconstruir de nuevo el castillo.
~Lar