Solo necesitaba un relato creíble para convencer, y, con ello, meter en la espiral delirante que defendía, a todo aquel con el que tuviera relación, en contra.
Una amistad nunca puede ser en su plenitud con envidia o interés. Comentarios sacados de contexto, realidades paralelas nunca afrontadas a la cara, faltas de educación y avestruces metiéndose en sus propios cuellos, vacíos, críticas en campaña por la espalda y desinterés ante las buenas noticias de los demás. El buen guión de una película hecha en el trastero y dirigida por una charlatana, vista por aquellos que carecen de capacidad de análisis.
Resistimos los golpes innumerables veces atestados, porque la traición tiene muchas caras, amiga. Intentamos, a pesar de todo, ser, desde la distancia, hasta que, la campaña de desprestigio terminó desdibujando los límites y mostrando el falso escenario como una verdad para los cómodos. Nadie puso nada en quizás, para mi decepción y sorpresa, demasiados puñales.
Afortunadamente, la actualidad, no muestra una realidad negativa, sino la clarividencia de que, lo que rodeaba esto, estaba plagado de hipocresía y no merecía atención. Complicado llegar a esta conclusión, siempre anhelando la catarsis.
Incurriendo en error, una vez más, quedó reflejado que esta relación se trataba de un negocio estéril, sin beneficios reales cuando verdaderamente lo necesitas y con muchas, muchas, deudas que reclamar.
El séquito lo vislumbrará a lo largo del camino, el interés muta con el tiempo. Es un hecho, y solo hay que mirar al pasado para comprobarlo, esta amistad es un haya, llena de hojas caducas.
Hoy doy por saldadas la deudas, la conciencia tranquila.
Triste es pensar que, desde el principio, estuvimos en la fábula de la rana y el escorpión, y que lo que aún no se nos había presentado era el momento de cruzar el río.
Ahora ya sabemos lo que ocurre cuando te toca. Es su naturaleza.
Con lo que hemos pasado las tres…
Lara.
